Rolando Revagliatti
El tranvía en cuestiónVoces diversas (¿vocinglerío?), fragmentos que deben haber quedado entre los rieles del tranvía en cuestión, ese al que Blanche subió huyendo de susfantasmas para terminar en un hospicio.Que te pise un deseo: no sé si es mi deseo. Si tal deseo arrolla, “descuajeringa”, se torna inmanejable, no sé si lo deseo.Tantas voces nos ponen sobre aviso. Porque pueden hablar de la crueldad, del sufrimiento pequeño o no, de personajes verosímiles o no y, en todocaso, activar el desconcierto. El Revagliastés, poema que cierra el libro, acaso busque desconcertarnos también, erigiéndose en tamiz, en disyuntor de la violencia alcanzada, en suavizante del fragor que corona.Libro de fragmentos donde las palabras juegan con “lo que queda” (“mirá lo que quedó” cuando pasó el tranvía) y dan vueltas de tuerca en torno a esamáquina imposible que somos. La máquina Revagliatti, en nuestro caso, ha forjado un trayecto que va desde el anatema del: “ojalá te pise”, hastael augurio de: “un deseo”. “La pulsión me ceba al alba demasiados mates”, dice una de sus voces.Propongo rescatar de entre lo múltiple el verso que a cada uno co-responde.Propongo atesorarlo.