J. I. Varela
Múltiples circunstancias pueden cambiar la vida de una persona, pero pasar diez años en la cárcel es probablemente una de las más extremas. J.I. Varela pasó la mayor parte de su condena rodeado por muros de agua, sin que la brisa marina y la vida playera en las Islas Marías pudieran evitar las sensaciones de abandono, soledad y reclusión: el carcelazo.En «Sonrisa tras las rejas», J.I. relata la experiencia de la vida en un mundo donde el encierro y la libertad son espejismos que a diario se confunden para quien, como castigo, es alejado de sus seres queridos y puesto en un paraíso decadente colmado de bellezas naturales como de carencias económicas y emocionales. 10