Cristian Retamal Muñoz
Escribir estas páginas fue un ejercicio de rescate. Dicen que las personas se van dos veces: una cuando dan el último resuello y otra cuando se pronuncia su nombre por última vez. Este libro florece con la intención de posponer ese segundo olvido, de atrapar entre versos el aroma de una taza de boldo, el sonido y el vaivén de los trenes que ya no recorren los campos del valle central de Chile y la fortaleza, el porte y el oficio de una mujer que fue el cimiento de todo un linaje.La décima, con su estructura de diez versos, fue el molde perfecto. Es una forma de arte que exige orden y precisión, pero que a la vez permite que el sentimiento asome con la naturalidad de una conversación de domingo. En cada estrofa busqué no solo narrar hechos, sino capturar la ’lucidez’ de una mirada y la ’bondad’ de unas manos que, aunque cansadas por el tiempo, nunca dejaron de ofrecer abrigo.Margarita no es solo un nombre de una flor; es un prado que sigue floreciendo en cada uno de sus descendientes. Estas noventa y nueve décimas son mi agradecimiento por enseñarnos que, aunque el camino sea duro, siempre se puede caminar con los ojos bien abiertos y el corazón decidido.Quien recorra este Prado de Margaritas, ojalá encuentre, más allá de mis palabras, el eco de sus propios ancestros y la paz de saber que el amor, cuando es verdadero, jamás parte: solo aprende a descansar en los recuerdos. 10