Rosa Sánchez A.
Ana tiene once años y ha aprendido que en el pueblo de La Esperanza, en el Petén guatemalteco, el silencio es una condena. El 13 de junio, mientras el pueblo se prepara para celebrar a San Antonio de los Milagros, Ana entierra a su «nama», la abuela que fue su único refugio ante el abandono de un padre ausente y la sombra de una madre consumida por el alcohol. Pero en la selva el luto no es un lugar seguro. Tras la muerte de la abuela y la violencia de la MS-13, Ana descubre la verdad más amarga de su realidad: la indiferencia. En un pueblo donde el chisme es veneno, pero la justicia es ciega, los vecinos prefieren mirar hacia otro lado mientras la violencia de las maras se cierra sobre los niños como una mandíbula. Nadie denuncia, nadie ayuda. Sin tiempo para el luto, Ana se lanza a una carrera desesperada hacia el norte. No busca el «sueño americano», huye de una pesadilla centroamericana. Desde los peligrosos callejones de la frontera hasta el lomo de la Bestia, el tren de carga que tritura esperanzas, Ana deberá decidir qué está dispuesta a sacrificar para que su nombre no sea solo una cifra más en las noticias de sucesos. Nunca estuve aquí es el testimonio de una infancia que se niega a ser borrada. Es la historia de miles de sombras que cruzan fronteras, recordándonos que el verdadero crimen no es el que cometen los malvados, sino el silencio de los indiferentes.