Ezequiel Rivarola / José DADON / Martín Sarasibar / Nora Madanes
Las urbanizaciones turísticas costeras establecen nuevos imaginarios, cambian la percepción del paisaje, integran nuevos usos y actividades económicos, crean nuevos mercados y perfiles de consumo, revalorizan recursos naturales, generan empleo, reciben excedentes económicos y son ámbitos de aplicación de nuevas tendencias urbanísticas y arquitectónicas. Estas ciudades se estructuran a lo largo del frente urbano costero, foco central a partir del cual se construye el paisaje de interés turístico, dominado por una matriz de edificación compacta con alta heterogeneidad morfológica y funcional. El frente es parte de la franja costera urbano turística, con mayor proporción de segundas residencias, hoteles, salas de espectáculos, establecimientos gastronómicos, comerciales y recreativos estacionales. Al consolidarse esa franja, la densidad de viviendas, la configuración espacial de la edificación y la impermeabilización del suelo siguen patrones característicos, incrementándose la heterogeneidad espacial, la diversidad de actividades, la complejidad de usos, la conflictividad, la erosión, la impermeabilización del suelo, la riqueza de especies y la xenicidad del verde urbano.